Asesinos de Escritorios...

Definitivamente hay lecturas que llegan a nosotros sin pensar si quiera que pasaria, y le hui a ésta tarea de clases porque el material tenia una letra muy pequeña, porque el lexico del autor (T. Adorno) me dormía y ni le entendía, pero cuando me meti en la historia, cuando lo reforce con algunas pags de la red y sobre todo las fotos quede sin palabras ni aliento. Esta oportunidad colocaré un texto de un Artículo publicado por la Revista Espacio Académico (H. Valle), del 2005 con título La educación después de Auschwitz; en la cual narra enbase a investigaciones, entrevistas y mucho mejor vivencias de sobrevivientes de dicho repugnante hecho como lo fue Auschwitz.
"Que la furia se trasnmite en amor a la vida; que el dolor sea el acicate para recordar la enorme grandeza que anida en un momento de amor, en un instante de franca entrega para con el otro, sea con un ser amado, sea, por qué no, en la cotidiana y común entrega de seres comunes que abren su existencia para comprender y ayudar a otro ser diferente en imagen pero similar en esencia. Que Auschwitz nos recuerde el horror del hombre, no de un hombre enajenado y demoníaco sino del vulgar ser que puede estar, tanto en nosotros como próximo a nuestra circunstancia. Que no se trata de especimenes raros, de excepciones, sino de la enajenación que parte, sin más, de la primera y definitiva renuncia a nuestra condición humana, a nuestra capacidad de dar cabida a una conciencia moral, no sólo a una conciencia psicológica. Y esto, como veremos, viene dado desde la asunción, irrenunciable, repito, de nuestras libertades.
Al entrevistar a ex jerarcas nazis de los campos de concentración, descubrió que estos, aun hoy, siguen pensando que hicieron lo correcto y, en sus propias palabras “continúan orgullosos de sus actos”. “Llegado un momento de la entrevista, intenté acorralar a Groening preguntándole cómo era posible que un niño pudiera ser un peligro para un Estado. Ël contestó: ´El niño no es un peligro en ese momento. El peligro es la sangre que lleva dentro, que es sangre judía. Esa sangre hará que algún día se convierta en un judío, y entonces sí será un peligro´. Personalmente”, dice Rees, “aquel fue el mayor escalofrío que sentí en todas mis entrevistas con los personajes nazis que salen en la obra”.
El Kadish, es aquella oración que los hijos pronuncian por sus padres muertos, o como él mejor explica “(...) la plegaria de los huérfanos que en la tradición judía se repite en el duelo: Yitgadal, veyitkadash shemé raba (Exaltado y santificado sea el nombre del gran Soberano), así comienza”, Itgadal veitkadash shemé raba/ Por vuestras almas estoy orando/ por vosotros/ los que no tenéis sepultura/ digo el Kadish./ Con ceniza cubro todos los días/ mi cabeza/ porque es para siempre/ mi duelo/ por vuestros cuerpos incinerados/ y por siempre acecha el espanto/ en mi corazón./ Millones de vidas/ pretéritas y apagadas/ pero en el recuerdo siguen despiertas/ las caras desgarradas por el pánico/ me persiguen en sueños/ risas burlonas de esos jueces/ ensordecen mis oídos/ por los vapores azules del gas/ apretados unos contra los otros pobrecitos/ hasta sentir cumplidos sus destinos./ Un último grito de muerte ahogado/ y ya todo pasó./ Itgadal veitkadash shemé raba/ digo el Kadish para vosotros/ cuyos restos mortales no reposan en ninguna parte.”


(La foto esta tomada de la BBC, son los calderos en donde quemaban a los difuntos, realmente difuntos???)

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